Miércoles, 29/04/26

Deplorable

Nada puede haber más deplorable que usar la enfermedad como negocio. Y esto es, precisamente, lo que se está viviendo con el modelo de sanidad actual, basado en protocolos estandarizados, tratamientos farmacéuticos de elevado coste, pruebas diagnósticas sofisticadas -que no todo el mundo puede permitirse-, e intervenciones quirúrgicas no siempre necesarias, con las nefastas consecuencias y secuelas que generan. Por no hablar del estandarizado e impersonal uso de la IA o de las consultas médicas vía teléfono o video-conferencia, donde en trato directo con el paciente se ha visto degradado hasta prácticamente desaparecer.

El miedo a morir es utilizado como un negocio -bastante lucrativo, por cierto-, a través de una medicina deshumanizada al actuar de modo protocolario, sin atender a la individualidad del paciente. Diríase que ya no importa nada, excepto hacer caja. El personal sanitario se ha visto convertido, consciente o inconscientemente, en un instrumento más de la gran industria farmacéutica-sanitaria; sin olvidar a las aseguradoras, donde grandes imperios económicos buscan el beneficio puro y duro, en vez de la sanación del individuo y al unísono también de la sociedad de la que no es posible olvidar que todos formamos parte.

No es de extrañar semejante situación, consecuencia de la ignorancia en que vive dormido el ser humano, produciendo ensoñaciones -cuando no pesadillas-, al crear mundos ficticios, donde la intención de lucro se ve camuflada de ayuda para paliar el sufrimiento, tanto físico como emocional. ¿Qué se puede decir de un sistema sanitario donde el enfermo ha pasado a ser un mero cliente, y con ello un número más?

No obstante, es fácil de detectar el sueño, pues aquellos mismos individuos que ayer eligieron su profesión como vocación de servicio y ayuda al prójimo para paliar el sufrimiento, hoy viven parapetados detrás de ordenadores, pruebas diagnósticas y protocolos absurdos -por estandarizados-, que les han obligado a perder lo más valioso: la posibilidad del enriquecimiento interior que el trato humano con sus semejantes les podría aportar.

Quizás, y sólo quizás, sea este un buen momento para recordar el noble Juramento Hipocrático, aquél que realizan los médicos al finalizar sus estudios, pero que no siempre recuerdan a lo largo del ejercicio de sus carreras. Ojalá fuera real tal compromiso adquirido bajo juramento, en vez de meras palabras escritas. Un médico jamás debiera olvidar aquella causa primera que le llevó a estudiar medicina. La medicina debe de ser una actividad vocacional, o no ser.

 

 

Silencio Interior – Escuela

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Manuscrito bizantino del siglo XI en el que está escrito el Juramento Hipocrático en forma de cruz.

Biblioteca Vaticana.

Deplorable