Sábado, 14/02/26
Samsara, el eterno retorno
«Lo tuyo es puro teatro,falsedad bien ensayada,estudiado simulacro.»
Canción «Puro teatro», 1969.
Letra: Alonso Catalino
Reconozcámoslo, haber nacido es la mayor desgracia que nos ha sucedido. Desde el estado de Conciencia pura que somos, de repente hemos involucionado hasta encontrarnos en un cuerpo al que hay que alimentar y cuidar, además de estar limitados por unos sentidos con los que hemos de relacionarnos con el mundo.
No es de extrañar que los hindúes consideren a este plano denso y material como el mayor de los infiernos, y que para ellos la máxima liberación sea evitar tener que volver aquí. Es decir, no tener que volver a reencarnarse nunca más, saliendo así del samsara, el ciclo de muertes y reencarnaciones.
Este modo de sentir la reencarnación es muy diferente al del hombre occidental, el cual contempla el reencarnar con cierto alivio, como una posibilidad esperanzada de retornar a este mundo para continuar experimentando la vida tal y como la conoce. ¿Puede apreciarse mayor grado de estupidez?
No existe consuelo alguno para quien ha tenido un vislumbre de verdad, para quien ha percibido su auténtica naturaleza -aunque haya sido por un solo instante-, al verse obligado a tener que interpretar a diario un papel absurdo; una mera representación teatral. Basta con mirar alrededor.
Quizás sea en los momentos de meditación profunda, al entrar el ser en el estado de disolución en Eso, cuando es posible hallar un vislumbre de nuestro hogar, olvidado en lo cotidiano. Entonces podemos encontrar un cierto alivio que nos ayude en el tránsito por este mundo ilusorio.
Silencio Interior – Escuela
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«Según la antigua leyenda, el rey Midas persiguió largo tiempo en el bosque al viejo Sileno, compañero de Diónisos, sin poder alcanzarlo. Cuando finalmente logró apoderarse de él, el rey le preguntó qué era lo que el hombre debía preferir sobre todo y estimar por encima de todo. Inmóvil y obstinado, el demonio quedó mudo, hasta que al fin, obligado por su vencedor, estalló de risa y dejó escapar estas palabras: «Raza efímera y miserable, hija del azar y de la pena, ¿por qué me fuerzas a revelar lo que mejor valdría para todos no conocer jamás? Lo que debes preferir a todo es para ti imposible: es no haber nacido, no ser, ser nada. Pero, después de ello, lo mejor que puedes desear es morir pronto».
Nietzsche, «El origen de la tragedia».
