Miércoles, 22/07/26

Ilusiones

“¿Quién te echaría de menos si te hubieses muerto el año pasado?

Nadie. No tenías ni que haber nacido.”

 «Preguntas de un maestro zen», Kodo Sawaki

Ciclos y subciclos

Contemplado desde la lucidez que concede la necesaria objetividad es posible apreciar cómo la vida del ser humano se compone de un ciclo más o menos largo a completar por experiencias. A su vez, tal ciclo está subdividido en diferentes subciclos, de una duración aproximada de siete años cada uno.

De este modo, y con el fin de vivir nuevas experiencias, siempre adaptadas a la línea temporal del individuo, cada siete años se cambia de vida. Algo bastante fácil de comprobar: basta con recordar nuestra propia existencia y los acontecimientos relevantes vividos para recordar, no sin asombro, cómo cada poco más de un lustro han sucedido acontecimientos relevantes en el transcurso del guion de nuestra vida, sucediéndose nacimientos, muertes, casamientos, separaciones, trabajo, vivienda, traslados, enfermedades, riqueza, pobreza, etc. Así, hasta el final de nuestros días…, o de nuestra película; elije el término que prefieras.

Porque, sea cual sea -vida o película-, observarás cómo, en la cumbre del delirio mental, sea cual sea el guion que representes lo vas a considerar como exclusivo, por original. Pero, si te atreves a mirarlo con un mínimo de sincera objetividad,  apreciarás que semejante originalidad es tan solo aparente, pues se ve diluida entre la masa de lo común, por no decir de lo vulgar e incluso, en ocasiones, también en lo mediocre, para comprobar de nuevo cómo siempre se repiten las mismas historias, habitualmente plagadas de miedos y deseos, de la cuales, como mucho, tan sólo cambiarán los nombres.

De lo ordinario a lo extraordinario

Hasta aquí lo ordinario, por común. Ahora, si lo deseas, podemos exponer lo extraordinario. Porque, gracias al punto de vista de la metafísica advaita, la inexistencia de un hacedor es una evidencia profundamente liberadora. Por lo que resulta claro que un hombre que ha despertado a su propia consciencia no está obligado a seguir ningún tipo de guion -ni común ni original-, y mucho menos si comprende que está condicionado por sus congéneres. Un ser liberado de su ego y personalidad, adolece de guion a seguir, pues ha comprendido por vía de experiencia su auténtica naturaleza, ha obtenido jñana, el conocimiento liberador. ¿De qué se libera? De la necesidad de sobrevivir.

Lo ordinario, por común, es buscar un sentido a la existencia. Algo que sólo puede suceder en los estrechos parámetros en los que el ego existe, vestido de personalidad, para conseguir el objetivo de “ser alguien en la vida”; frase que con frecuencia hemos oído a nuestros mayores. Pero ¿por ser mayores tenían razón? Sí, llevaban una parte de razón, la suya. La cual ha demostrado ser inútil por ajustarse a «sus» guiones. Pero, no por ello dejaron de lanzar sus introyectos (proyecciones), que nosotros -los menores-, ingerimos sin reflexión alguna, metabolizándolos en nuestra mente como reales. Es decir, aceptándolos sin rechistar para llegar a crear un guion de apariencia propia, pero que ha resultado ser idéntico al suyo. Y así, ad infinitum.

En tales casos ordinarios, por comunes, el proceso de vida se convierte en un producto mental más. Todo lo racional y lógico que se quiera, pero -y precisamente por ello-, condenado de antemano a la inevitable decepción y frustración al final de nuestros días. Es posible que contemplar la existencia a través de la consecución de logros, bien sean económicos, familiares, culturales, artísticos, espirituales, etc. pueda conceder en un principio una cierta sensación de orden y seguridad. Y que semejante guion, rebosante de orden y coherencia, pueda atribuírsele, en la cima del delirio mental, a un determinado destino, bien sea que esté escrito en las estrellas o en cualquier otro lugar. Una idea quizás hermosa, pero que no se corresponde a un ser despierto, sino a un dormido más.

Así pues, es posible contemplar cómo las diferentes experiencias de la vida se suceden en las dimensiones «tiempo-espacio-causa» como fotogramas de una película, que es lo más parecido a la realidad de la vida. De este modo, se sucederán y alternarán diferentes episodios de risas y lágrimas, momentos de placer y dolor, de felicidad y sufrimiento, de encuentros y desencuentros, de deseos y frustraciones… y un largo etcétera que, nos guste o no reconocerlo, finalmente quedarán todos olvidados en la desmemoria, no sólo de todos los demás figurantes y actores que participaron en la película, sino también en muchas ocasiones en la del propio protagonista.

De esta manera, es posible comprender cómo todos tus esfuerzos, desvelos y preocupaciones forman parte de la película de la vida con la que te identificas, motivo por el que te la crees, siendo esta la causa principal de un sufrimiento que, contemplado desde la perspectiva del conocimiento, siempre viene a resultar innecesario. Así, hasta que descubras que la situación en la que crees estar inmerso, y que parece real, se trata tan sólo de una película de la que te crees ser protagonista, actor y director. Sin embargo, contemplado desde la arista del conocimiento metafísico, todo ello no es otra cosa que un sueño más. Así es cómo desde el advaita se afirma que todos los acontecimientos que han sucedido en tu vida, los que te suceden hoy y los que te sucederán mañana, sólo ocurren en tu imaginación.

Necesidad de despertar

¡Despierta! Comprende que no hay nada que tengas que ser, tener o hacer. Libérate del pesado y absurdo lastre de tener que seguir guiones y patrones ajenos a tu esencia, y a tener que cargar con el fardo de considerarte un ente real, obligado a actuar siempre “como si…”, porque no lo eres. El personaje que representas es una proyección mental más, un sueño. Por eso es preciso despertar. Claro que sí, tu ego no admitirá semejante realidad, pues le va la vida en ello. Por eso, te dirá que estas líneas están equivocadas, que tú sabes que existes, que sabes quién eres, de dónde vienes, a dónde vas y, cómo no, también lo que quieres… Mentira sobre mentira que antes o después descubrirás. Todo ha sido una burda programación en tu subconsciente realizada por seres inconscientes.

Para alcanzar moksha, la liberación, tan solo bastaría con recordar, reflexionar y meditar sobre lo que expone la metafísica advaita: «Aquí no hay nadie. Sólo lo parece. Ni tú, ni yo, ni él… Nadie». Abre pues los ojos y despierta a tu realidad esencial. Cada respiración es un nuevo fotograma, cada día una nueva secuencia y cada pocos años puede parecer que surge un nuevo escenario. Todo ello se repite con recalcitrante persistencia en cada nueva vuelta que la Tierra da al Sol. ¿No ves cómo todos los años se repiten los mismos eventos? ¿No lo ves? Sin embargo, y al mismo tiempo, si tú quieres, -sólo si tu quieres; esto es importante-, en cada nueva respiración, en cada nuevo instante existe una oportunidad de despertar.

Resulta evidente que la enseñanza advaita no busca consuelo para el ego y la personalidad, así como tampoco unos puntos intelectivos para compensar el sufrimiento de una existencia inconsciente. La enseñanza advaita coloca al adepto directamente en su auténtica naturaleza, traspasando las envolturas que conforman el cuerpo y la mente. No busca que la máquina que el individuo supone ser, identificándose con ella y su psiquismo, funcione mejor, más engrasada. Muy por el contrario, pretende su trascendencia desde el primer momento para liberar al individuo, de una vez por todas, del sufrimiento innecesario. Por este motivo, esta enseñanza es para muchos, pero no para todos.

Para finalizar, recordarte que, en última instancia, no existen maestros ni discípulos, héroes ni villanos, verdugos ni víctimas… Todos los personajes que te rodean tan sólo son actores inconscientes que día tras día representan su papel sin conocimiento real de su causa. Así las cosas, la ignorancia parece inundar el escenario del mundo, pero existe una posibilidad aquí y ahora: despertar a tu consciencia de ser. Los demás siempre van a creer que les suceden cosas, que están en procesos de aprendizaje, en terapias y cosas similares, y tratarán de arrastrarte con sus creencias. Pero, no es así. No es así. Todo son ilusiones proyectadas en la pantalla de la consciencia, cuyo escenario es el mundo y cuyo protagonista crees ser tú.

¡Despierta! Es tu vida.

 

Silencio Interior – Escuela

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Ilusiones 22/07/26