Meditar, un acto sagrado

 

Sentarse a meditar es un acto sagrado. Cortar el contacto con las impresiones que nos rodean y profundizar en el sí–mismo para sentir cómo la presencia de ser contempla en silencio y saberse ser la vida. Sumergirse en la corriente de la consciencia hasta llegar a olvidarse de uno mismo, de sus atributos personales, del pasado, de su posible futuro…

 

Instalarse en un puro instante presente donde tiempo y espacio han cesado de existir. Abandonar la horizontalidad del mundo exterior para descender en vertical en un vacío de aparente profundidad abismal, donde la posibilidad de sentirse uno con la conciencia universal deja de ser un concepto para convertirse en una realidad. ¿Cómo no considerar sagrada a la meditación? Es inevitable que así suceda.

 

Meditar está de moda. Todo el mundo dice practicar meditación, desea practicarla o se muestra interesado en ella. Cada vez hay más y más personas atraídas hacia esta práctica milenaria de interiorización. Es natural que así sea, el ser humano necesita con urgencia beber de las fuentes de su interior, pues se encuentra cansado de buscar la anhelada felicidad en los baldíos terrenos del mundo exterior.

 

El hombre busca sentido a su existencia. En un principio, intentó encontrar tal sentido a través del mundo exterior. Después de encontrar satisfacción a casi todos sus anhelos materiales se encuentra vacío al sentir que nada de lo conseguido tiene sentido. Es entonces cuando dirige la atención hacia su interior. Y, es ahí donde encontrará el tesoro olvidado: el sí mismo, fuente de la felicidad.

 

Según el Vijnana Bherava Tantra, existen ciento doce técnicas de meditación, y ninguna es mejor que otra. Del mismo modo que para ascender a la cumbre de una montaña existen muchos caminos, para llegar a la cima de la consciencia existen infinitud de formas, tantas como seres humanos.

Es conveniente evitar confundir la técnica utilizada con el estado de meditación. A fin de cuentas, la técnica es un medio, y no debiera tomarse como un fin en sí misma. De hecho, con el tiempo y la experiencia –conforme se sintoniza con el ser–, se adquiere un cierto grado de madurez en el cual las técnicas son trascendidas y se abandonan, del mismo modo que un niño abandona los juguetes conforme crece.

 

¿Qué sucede durante la práctica de la meditación?

 

Hablaremos de Antar Mouna, el silencio interior, ya que ésta es la práctica que empleamos y la que enseñamos. Esta técnica pertenece al Radja Yoga, el yoga de la interiorización.

 

En algunas ocasiones, a este tipo de yoga se le denomina yoga mental. Estamos en desacuerdo con esta definición, aunque entendemos que quizás sea la más adecuada al pensamiento occidental. Mucho más preferiríamos utilizar el término yoga del auto-conocimiento, e incluso más acertado aún nos parecería: yoga del auto-descubrimiento.

 

¿Por qué Antar Mouna, el silencio interior? Porque, este conjunto de técnicas traspasa de forma progresiva y gradual las diferentes capas que componen al ser humano hasta llegar a su alma de un modo sencillo y natural, conectándolo con su naturaleza espiritual.

 

Esa es nuestra auténtica naturaleza. Somos espíritu que habita en un cuerpo y se relaciona con el mundo exterior a través de los sentidos. Recuperar, recordar ese sutil contacto con la esencia que somos, y siempre hemos sido, es la propuesta principal de la meditación.

 

Hatha Yoga & Radja Yoga, una combinación perfecta

 

Hatha Yoga, el yoga físico, tal y como se le conoce de forma popular, es el yoga encargado de obtener el equilibrio entre las energías físicas y mentales. Tal equilibrio energético se obtiene a través de una serie de posturas (asanas) y las prácticas del control de la energía por medio de la respiración (pranayama), empleando también otras técnicas como pueden ser los mudras y bandhas.

 

Ciertamente, el Hatha Yoga es el yoga del equilibrio. A través de su práctica se crean las condiciones idóneas en cuerpo y mente para la conexión consciente con el espíritu que se produce a través del Radja Yoga. Un tipo de yoga sigue al otro como la noche sigue al día, y viceversa. Son complementarios entre sí. No es posible concebir uno sin el otro, ya que se corresponden entre sí.

 

De este modo, la mente del practicante queda receptiva y alerta para captar todo lo que emerja a la superficie del lago de la consciencia al traspasar las diferentes envolturas que traspasa en su viaje hacia el interior.

 

Diferentes envolturas

 

Según la tradición del yoga, el ser humano se compone de cinco envolturas, y cada una de ellas tiene sus propias características relacionadas con los diferentes elementos.

 

  • Annamaya kosha. Envoltura física, es la más densa. Se corresponde con el elemento tierra. Tiene su equivalente con el cuerpo.

 

  • Pranamaya kosha. Es la envoltura energética. Está compuesta de la energía (prana) que circula por el organismo. Su elemento es el agua.

 

  • Manomaya kosha. Se trata de la envoltura mental, donde se dan pensamientos y emociones. Su relación es con el elemento fuego.

 

  • Vigñanamaya kosha. Envoltura psíquica. Elemento aire. Aquí se aloja la consciencia de sí. Tal consciencia de sí es el pálido reflejo del alma que se encuentra ubicada en la siguiente envoltura.

 

  • Anandamaya kosha. Envoltura de bienaventuranza. Su elemento es el éter. Es la parte más nuclear de nuestro ser.

Como es posible apreciar cada envoltura es más sutil que la anterior, aunque todas están interrelacionadas entre sí.

 

Alimentos de las envolturas

 

Cada envoltura se alimenta de diferentes modos. La envoltura física, como es lógico, lo hará con comida y alimentos tal como los conocemos: legumbres, verduras, cereales, etc.

 

El alimento básico de la envoltura energética es el prana, esa energía sutil que, según la tradición del yoga, se encuentra en el aire que respiramos y en todo el universo.

 

La envoltura mental se alimenta de impresiones. Tales impresiones pueden ser positivas, negativas y neutras. A nosotros nos gusta considerar la posibilidad de alimentarlo de belleza. La belleza es un alimento excepcional para nutrir esta envoltura mental conformada a base de pensamientos y emociones.

 

A través de la contemplación de la belleza es también posible conectar con la siguiente envoltura conformada de psiquismo. Es inevitable el despertar de la consciencia ante la belleza. Ante la percepción de lo bello, el alma se eleva por encima de las demás envolturas para degustar las impresiones cargadas de genuina sensibilidad. Esta envoltura se alimenta de auto-consciencia.

 

Finalmente, la última envoltura está compuesta de amor y bienaventuranza. Su alimento es la consciencia que aparece de la conexión directa con el ser, pues ahí se encuentra la fuente de energía que todo lo anima. Conectamos con nuestra alma durante y a través de la meditación. En esta última envoltura se experimenta la dimensión trascendental del ser humano, en ella no existen el tiempo, el espacio ni la individualidad.

 

Medicinas de las envolturas

 

Así mismo, cada envoltura tiene su propia medicina.

 

  • Del cuerpo físico se encarga la medicina convencional, la alopática. Y, en verdad que cumple muy bien con su labor. Es una ciencia maravillosa que realiza a la perfección su cometido: cuidar del cuerpo físico desde un punto de vista científico.

 

Por ello, el tratamiento que recibe el enfermo es el de una máquina que necesita ser reparada. No se tienen en cuenta su nivel de energía vital ni sus estados anímicos, tampoco sus preocupaciones ni su psiquismo, mucho menos se investigan las causas que han podido provocar la enfermedad. En definitiva, no se escucha al paciente desde el corazón. Se le observa, se le miden sus constantes vitales, se le receta la medicación que atacará a los síntomas, mientras se obvian las causas. Se le operará, si con medicamentos no es posible eliminar la enfermedad… A este tipo de medicina sólo le interesa la mecanicidad de la enfermedad, nada más.

 

Por fortuna, cada vez existen más médicos que comienzan a despertar su sensibilidad y orientan su atención hacia otras posibilidades de curación no tan invasivas ni agresivas. Muchos son los médicos que al mantener viva su inquietud por ayudar al enfermo desde otros puntos de vista están experimentando una cierta apertura hacia otro tipo de posibilidades y comienzan a dirigir su atención hacia las medicinas naturales, mal denominadas alternativas, como pueden ser la Naturopatía, Homeopatía, Osteopatía, Acupuntura, Kinesiología, etcétera.

 

En realidad, la medicina alopática viene a ser la alternativa, ya que es la que se utiliza cuando la medicina natural, y sobre todo las capacidades propias de sanación, inherentes a la propia naturaleza del cuerpo humano, no responden del modo adecuado o esperado. Y, en numerosos casos no responde porque no se le conceden las posibilidades de recuperación que el organismo requiere.

 

  • Es evidente que el ser humano no se compone tan sólo de lo que podemos ver, pesar y medir. Por fortuna, ha habido investigadores que, interesados en encontrar las causas de las enfermedades, se dieron cuenta de que el cuerpo somatizaba una enfermedad después de existir un cierto bloqueo en los conductos por los que circulaba la energía. Intentaron desbloquear tales obstrucciones con agujas y presión digital. Ello dio lugar en la lejana China, hace miles de años, al nacimiento de la Acupuntura y más tarde al Shiatsu en Japón. Estas son, pues, las medicinas especializadas en la envoltura energética.

 

Pero, ¿cuál es la causa que produce un bloqueo en la libre circulación de la energía en el cuerpo? De forma principal, encontramos la causa en las emociones y pensamientos negativos como el miedo, la culpa, el resentimiento, etc. que se generan en la envoltura mental.

 

Con este descubrimiento sería como nacieron la Homeopatía de Samuel Hahnemann y la terapia de esencias florales de Edward Bach. Este tipo de medicinas están libres de efectos secundarios y contraindicaciones. Además, paradójicamente, cuanto menor sea la dosis mayor es el efecto. ¿Cómo puede esto ser posible? Es debido a que no realizan ningún tipo de acción sobre la envoltura física, sino que se dirigen a la envoltura mental. Ahí es donde tienen su verdadero efecto. Trabajan sobre una envoltura mucho más profunda y sutil que la física y la energética.

 

  • La envoltura psíquica también tiene su propia medicina: hipnosis y autohipnosis. Así, cierta frase o palabra expresada, pensada o escuchada (sankalpa), va a tener un efecto directo sobre esta envoltura y, además, repercusión en el resto; siempre que se permanezca en un estado profundo de relajación que permita la conexión consciente con esta envoltura psíquica.

 

De acuerdo con el Dr. Bach, consideramos que el origen de la enfermedad reside en la discrepancia que aparece entre el alma y la personalidad, entre lo que el individuo siente que ha venido a realizar y lo que se ve obligado a hacer.

 

  • El alma conforma la envoltura más profunda de todas y su medicina es la meditación. Por este motivo, al ser la medicina del alma, consideramos a la meditación como la medicina suprema. Gracias a la reconexión con nuestra alma es posible escuchar su discreto y silencioso mensaje para poder restablecer el equilibrio y la armonía entre las diferentes envolturas que conforman el cuerpo en que moramos.

 

Medicación y meditación

 

La palabra meditación emplea la misma raíz que la palabra medicina: medi. No es en vano, pues en ambos casos se trata de una forma de sanación. La curación proviene del exterior y se produce a través de la medicación. Sin embargo, la sanación emerge del interior y sucede a través de la meditación.

 

Es preciso intentar armonizar la medicación con la meditación. Reconectar con nuestra alma y comprender nuestra auténtica naturaleza. Una vez hecho esto, la sanación sobrevendrá desde el centro de nuestro ser y se dirigirá hacia la periferia, abarcando todas las envolturas que lo componen. Esta será la sanación auténtica, ya que nace en el interior. Por el contrario, la curación sobreviene del exterior y lo único que conseguirá será eliminar los síntomas, pero no las causas.

 

Esto no significa que si el cuerpo ya ha somatizado una enfermedad pretendamos curarla sólo a base de meditación. Una vez lanzada una flecha no es posible detenerla ni desviar su trayectoria. Hemos de amar a nuestro cuerpo y por ello tratar de curarle con todos los medios disponibles a nuestro alcance.

 

No hay por qué desestimar la medicina alopática, pues está obteniendo resultados espectaculares, ni a ninguna otra medicina. Lo que ha sucedido es que cada medicina se ha especializado en un tipo de envoltura diferente. No existe una medicina mejor ni peor que otra. Pero, ¿por qué no coadyuvar a la sanción holística del organismo utilizando todas las herramientas a nuestro alcance? ¿Qué ganamos haciendo una guerra sin sentido a una medicina que cumple perfectamente con su cometido? No ganamos nada y podemos perderlo todo.

 

Si tu cuerpo ha enfermado, consulta a los médicos, acupuntores, naturópatas, homeópatas, kinesiólogos, osteópatas, etc. Toma tu medicación y practica meditación. Ayúdale a sanar con amor y comprensión. La meditación y la medicación no están enfrentadas, el enfrentamiento se produce en la mente. Es la envoltura mental la que genera emociones de rechazo y aversión. Compréndelo, y actúa en consecuencia de forma inteligente.

 

Diferentes técnicas para diferentes envolturas

 

Resulta lógico suponer que en la práctica de la meditación Silencio Interior disponemos de diferentes técnicas y prácticas para adaptarnos a cada una de las envolturas que conforman al ser humano. Tiene sentido que sea así. Como se ha visto, en cada paso que se da hacia el interior se traspasan diferentes estructuras (físicas, energéticas, mentales y psíquicas), por lo que se hace necesario un modo diferente de relacionarse con lo que en cada una de ellas sucede.

 

Para ello, utilizamos técnicas sutiles que a su vez se convierten en refinados y sofisticados instrumentos, ya que han de tener la capacidad de adaptarse del modo adecuado a la envoltura en que se encuentra centrada la atención y al proceso del auto-descubrimiento que está viviendo el meditador en cada momento.

 

Con ello, lo que obtenemos en primer lugar es un suave y progresivo aquietamiento de la mente. Sentiremos cómo el silencio interior brota de forma natural. Ese silencio da lugar a la paz. Una paz que lo inunda todo con un sentimiento que nos hace comprender que todo está bien, que todo es adecuado. Y tras la paz, emerge el amor. Un amor puro, incondicional e incondicionado, fiel reflejo de nuestra auténtica naturaleza… Eso eres.

 

Publicado en la Revista “Natural” – Septiembre 2.010