Sábado, 30/05/26
Silencio vibrante
Madrugada. Insomnio. Contemplo la mente cómo emerge de la nada para buscar contenidos a los que aferrarse. Contenidos que pueden ser pensamientos, ideas… O, bien recuerdos, samskaras, que despiertan emociones… O, tal vez proyectos y deseos para el futuro, vasanas…
Es indiferente, cualquier cosa puede ser útil a la mente, instrumento del ego. Sin embargo, ninguna de ellas le es válida a la esencia que en silencio irradia su presencia, mientras observa ecuánime el proceso de los contenidos emergiendo a la superficie, donde parecen existir.
Silencio. Nada que escribir. Nada que hacer. Ningún sitio a dónde ir… Presencia de ser que se expande por el éter como un aroma invisible, invadiéndolo todo… sin límites. Fuerza poderosa que desciende por Brahma randhra*, entrando por la coronilla para instalarse en hridrayam, el Corazón espiritual, desde donde irradia su luz a través de la sensación de ser que, sin palabras, me hace saber que soy.
Silencio. Vacío. Quietud
Impersonalidad. Trascendencia
Luz. Oscuridad. Sintonía
Silencio vibrante
¿Cómo es eso del silencio vibrante? Se trata de un silencio vivo más allá de la mente. Es el silencio de la inexistencia del ego… El Silencio no consiste en estar callado, es saberse ser más allá del ego y la personalidad, más allá de la individualidad.
Eres cuando no eres
Sabes cuando no sabes
Vives cuando mueres
Y aún así, la vida continúa existiendo… Soy esa misma vida que se expresa a través del silencio y también a través de todos los seres sintientes. Todos somos la misma vida expresándose a sí misma. Lector, tú y yo no somos iguales, somos lo mismo. ¡Ese es el gran autodescubrimiento!
Silencio Interior – Escuela
info@silenciointerior.net

* Brahma randhra. Lit. «Orificio de Brahma«, también conocido como «la grieta de Brahman«. Se trata de un concepto místico, pero también fisiológico propio del Yoga, que hace referencia a bindu, un punto vital en la zona de la coronilla que no está considerado como un chakra, sino como el «portal» o la entrada por donde la amrita, ambrosía o energía divina, desciende hasta llegar al feto. Y, al final de su tiempo, será la puerta de la salida a través de la cual el prana o energía vital, abandonará el cuerpo en el momento de la muerte. Los yoguis pueden observarlo, y se dice que, en algunos casos de yoguis avanzados, pueden provocarlo a voluntad.
