Sábado, 28/02/26

Locura colectiva – Una reflexión

«Las masas nunca han anhelado la verdad.

Quien pueda proporcionarles ilusiones es fácilmente su amo.»

Gustave Lebon, sociólogo (1841-1931)

Reconozcámoslo, la sociedad ha perdido el norte al punto de llegar a enloquecer. Basta con mirar a nuestro alrededor para comprender que el mundo entero se ha convertido en un gran manicomio. Los niveles de cordura brillan por su ausencia. La necesidad de supervivencia y el afán de seguridad han provocado una obsesión patológica por el consumo compulsivo y la consecuente producción. Si no produces, no consumes; con lo que se te excluye del sistema y por extensión del grupo. 

Todo ello va acompañado de aquella otra obsesión por la variedad a través de una adicción neurótica a las nuevas impresiones, posiblemente como huida del aburrimiento, fiel reflejo del inhabitado mundo interior. Todo ello, sumado además a la compulsión por sentirnos importantes, diferentes ante los demás, especiales. Necesidad posiblemente causada por la necesidad de compensar el inmenso vacío interior que experimenta el hombre contemporáneo al carecer de valores éticos y morales. 

Quizás, estas sean las causas provocadas por el entramado obsesivo-compulsivo-neurótico en el que naufraga la sociedad contemporánea (2026). Aunque también es posible que tales causas puedan ser otras y muy diferentes. A fin de cuentas, la red invisible que nos envuelve y esclaviza está conformada por un enorme número de impresiones, siempre con sus correspondientes variables. Sin embargo, las respuestas a las diferentes circunstancias son siempre homogéneas. ¡Tan fácil es manipular a la masa!

Aunque en esencia todos seamos uno y lo mismo, lo cierto es que no todos somos iguales. En semejante diferencia estriba también nuestra posibilidad de comprender y de despertar del sueño. Al permitir la desconexión con la esencia, con nuestro Ser, nuestras respuestas se han estandarizado, relegando al olvido el principio de individuación. Tal principio, basado en el recuerdo de Sí, es imprescindible para la necesaria reconexión con la naturaleza original que conforma el núcleo íntimo de nuestro ser.

Cabe preguntarse si es posible hacer algo ante el desolador panorama expuesto. Sí, es posible: Despertar del sueño. Ser consciente de nuestra propia locura, antes que sólo verla en los demás, sería un enorme avance. «Surfear» las neuróticas olas sobre la «tabla» de la consciencia. Ello siempre es posible, y también quizás lo único sensato que se pueda hacer. En fin…, en esas estamos. Por eso meditamos, enseñamos y compartimos la meditación. Ahora, lo difícil es encontrar a alguien que quiera despertar.

 

Silencio Interior – Escuela

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Locura colectiva – Una reflexión – 28/02