Sábado, 31/01/26
Inevitable sonrisa
Lo que Es está siempre. Este es el gran descubrimiento a realizar, aquél que provoca una inevitable sonrisa. Comprender que la rosa y el jarrón -alegoría de la esencia y el cuerpo- junto con el mundo son una ilusión. Comprender que jamás existieron límites allí donde las formas diluyen sus fascinantes contornos en informes cúmulos de energía para llegar a saber que la energía es una y la misma.
No existe ningún yo, ni tú y tampoco el nosotros. Ninguna realidad definida permanece en el tiempo, aunque lo parezca. Sumergidos en el juego, buscamos sentido a lo carente de sentido. Juego de luces y sombras, formas y colores… que parecen perpetuarse a lo largo de los años, pero que en realidad se diluyen en la bruma de lo Real a poco que se lo observe con un mínimo de atención.
¿De dónde emerge semejante realidad? ¿Cómo se conforma para que parezca verdadera? El juego se perpetúa ad infinitum hasta que se lo descubre. Así pues, lo mejor es rendirse a la evidencia. La rosa -esencia- y el jarrón que la contiene -cuerpo-, ambos son una falacia. No existen, excepto en la imaginación. Son como una película, la cual durará mientras haya energía suficiente para continuar con el juego, o bien hasta que se descubra el mecanismo de la ilusión.
De este modo, todo lo percibido parece mágico. Por ello, descubrir el truco es el gran desafío. Cuando vemos a un prestidigitador lo que queremos es que nos sorprenda con cosas imposibles. En el fondo, lo deseamos. Nos gusta que nos engañen. Nos place exclamar asombrados: «¡Oh! ¿Cómo lo ha hecho?» Pero, da igual cómo haya sido. Por unos instantes ha logrado el engaño… y lo sabemos. Y, lo principal es que nos encanta que haya sido así.
Nadie se enfada por ello, antes al contrario. Pues, igual sucede con la vida. Se trata de un juego de magia donde aparecen cosas en apariencia imposibles de conseguir para nuestra mente y sentidos. Pero, cuando el individuo descubre el juego, cuando consigue verlo, una enorme satisfacción le invade. Con tal comprensión sobreviene una sutil sonrisa -cuando no carcajada-, propia de aquél que sabe que sabe. Es inevitable que así suceda.
Silencio Interior – Escuela
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