Jueves, 25/12/25
El sentido de proceso
“Durante miles de años la idea del aprendizaje fue parte elemental de la sabiduría práctica. Estaba integrada en el concepto del dominio de un oficio. La supervivencia humana dependía de la construcción de instrumentos, edificios, barcos, etc. Para construirlos adecuadamente, una persona debía aprender el oficio, pasando años y años como aprendiz y avanzando paso a paso.
Con la llegada de la imprenta y una mucho más amplia distribución de los libros, esta disciplina y esta paciencia se empezaron a aplicar a la educación: a adquirir conocimiento formalmente. Aquellos que se presentaban como poseedores de sabiduría sin haber acumulado años de estudio eran considerados charlatanes, dignos de desprecio.
Sin embargo, hoy en día hemos llegado a un punto peligroso, en el que se está olvidando esta sabiduría elemental. En gran parte se debe a la vertiente destructiva de la tecnología. Todos comprendemos sus enormes beneficios y el poder que nos ha brindado. Pero, la inmensa velocidad y facilidad con que podemos obtener lo que queremos han generado un nuevo patrón mental.
Somos por naturaleza criaturas impacientes. Nos resulta duro desear algo y no poder conseguirlo de inmediato. La mayor velocidad que proporciona la tecnología acentúa ese aspecto infantil de nuestro carácter. La lenta acumulación de conocimiento parece innecesariamente aburrida. Aprender debe ser divertido, rápido y fácil.
En Internet podemos hacer conexiones instantáneas, pasar superficialmente de un tema a otro. Ahora valoramos más la amplitud que la profundidad de la información, el poder ir de aquí allí más que el cavar hondamente hasta la fuente de un problema y la comprensión de cómo funcionan las cosas, perdiendo el sentido del proceso.
En semejante ambiente, los charlatanes brotan como la mala hierba. Ofrecen el viejo mito de la transformación rápida -el atajo hacia el poder, la belleza y el éxito-, en forma de libros, CD, seminarios, antiguos “secretos” vueltos a la vida, etc. Y encuentran muchos estúpidos a quienes embaucar.
Este nuevo patrón de aprendizaje no es un avance. Crea un fenómeno al que llamaremos “cortocircuito”. Para llegar al final de cualquier cosa, para dominar un proceso, se requiere tiempo, concentración y energía. Cuando uno se encuentra distraído, con la mente moviéndose de aquí allí, se hace más difícil mantener la concentración en una sola cosa durante unas horas, y no digamos durante meses y años.
Bajo esta influencia, la mente tiende al “cortocircuito”; no será capaz de llegar hasta el final de la tarea. Querrá pasar a otra cosa que parezca más atractiva. Es difícil hacer bien algo cuando el enfoque está distorsionado; esta es la razón por la que cada vez encontramos más productos chapuceros, con escasa atención por los detalles.
Comprende: el auténtico secreto, la verdadera fórmula para obtener el poder en este mundo radica en aceptar la desagradable realidad de que el saber necesita de un proceso, y este a su vez requiere paciencia y la capacidad de soportar el trabajo duro.
A primera vista, no resulta atractiva ni seductora, pero esta verdad está basada en algo real y sustancial: una sabiduría antigua que nunca debe olvidarse. La clave está en el grado de tu deseo. Si buscas realmente el poder y el dominio sobre una materia, asumirás profundamente esta idea y la grabarás e tu mente: no existen atajos.
Desconfiarás de todo lo que sea rápido y fácil. Serás capaz de aguantar esos meses iniciales de trabajo tedioso y repetitivo, porque tienes un objetivo superior. Esto te evitará el “cortocircuito”, conocer muchas cosas, pero sin dominar ninguna.
Al final, lo que realmente haces es dominarte a ti mismo, tu impaciencia, tu temor al aburrimiento y al tiempo vacío, tu necesidad constante de diversión y entretenimiento.»
Fuente: “La ley número 50”, Robert Greene
Silencio Interior – Escuela
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