Miércoles, 15/07/26
Autoengaño
“Soy consciente de mi consciencia. No necesito religión ni política”.
Shambhu
Atribuimos realidad a lo que no lo es, y después nos lamentamos por el autoengaño. ¿Tiene esta actitud algún sentido? Quizás sea más fácil encontrar un adjetivo calificativo que un sentido. Y sin embargo, es el modo común en que nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos.
“Lo que oigas, no te lo creas. Y lo que veas, sólo la mitad”, nos advierte el olvidado refranero popular, con sus expresiones sencillas y a veces locuaces, pero tan llenas de sensatez. ¿Qué hace que caigamos en el autoengaño, no dos o tres veces, sino cientos de ocasiones a lo largo de la vida?
Quizás sea debido a nuestra inconsciente necesidad de creer en algo, de poder confiar. Quizás sea un vano intento de que algo con sentido tenga espacio predominante en nuestra existencia. Es posible que tal sentido y su búsqueda sea una falacia más con la que de nuevo volver a autoengañarnos.
La necesidad de la creencia somete al hombre a una insospechada esclavitud, soterrada entre emociones e ideales con los que reniega de su propia soberanía, cediendo el cetro a terceros que ni siquiera conoce personalmente. O bien, termina confiando en intermediarios auto-erigidos entre el hombre y Dios.
Una posible solución a semejante cuestión consistiría en un profundo despertar de la consciencia. Despertar del sueño en que se vive y muere. Pero ¿quién quiere despertar de verdad? Máxime viviendo en una sociedad donde casi todos sus componentes velan por el sueño de los demás miembros?
Como mucho, a lo que se llega es a generar un nuevo sueño en el que se lucha por despertar. Un nuevo entretenimiento con el que seguir jugando un tiempo más. Despertar resulta incómodo, pues impide volver a caer de nuevo en el sueño del autoengaño. Eso sí, a cambio la liberación.
Silencio Interior – Escuela
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