La meditación está más allá de la dualidad y los límites en los que de forma habitual nos movemos. Adolece de etiquetas, no entiende de nombres ni de conceptos. Es un estado que está más allá de la mente, las sensaciones, el pensamiento, las emociones, los conceptos y el mismo cuerpo. La meditación siempre ha estado ahí, pero el velo de nuestras imaginaciones e identificaciones nos ha impedido percibirla. La meditación no se puede provocar. Simplemente sucede si se ponen las condiciones adecuadas. Y esto, quizás, es lo único que sí está a nuestro alcance. La meditación es un estado de ser que se corresponde con nuestra auténtica naturaleza. La meditación es tu auténtico ser real. Meditación eres tú.

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