Objetivos
Sin lugar a dudas, el principal objetivo de cada Taller es integrar el estado de meditación en la vida cotidiana. No aislarse en ningún caso, si no todo lo contrario, pues es en el mundo exterior donde pasamos el examen sobre si nuestra práctica es la adecuada o no. ¿Cómo saber esto? ¡Fácil! Si una atmósfera de tranquilidad y alegre serenidad nos comienza a arropar y ello provoca que nuestras relaciones con los demás sean más armoniosas, entonces sabremos que estaremos haciéndolo bien.
En estos momentos estamos en condiciones de asegurar que los demás serán nuestro espejo. Los demás son un reflejo de nosotros mismos. Como nosotros nos comportemos con el resto, así ellos van a responder a nuestros actos.
Si crecemos en Silencio Interior, creceremos en armonía, equilibrio y serenidad y ésto va a notarse en el exterior a través de nuestros actos. No nos queda otro remedio, pues el ego y la personalidad se callarán, cediendo la acción y la palabra a la sabiduría inherente de la esencia, a la consciencia de ser. Así mismo, los que estén a nuestro alrededor no les queda más remedio que, a su vez, continuar creciendo a nuestro ritmo silencioso, pues de un impulso de quietud de tal magnitud siempre emergerá una presencia conciliadora invitando, sin palabras, a la meditación.
A fin de cuentas, las posibles fricciones para con los demás no son más que batallas del ego y la personalidad por sentirse vivo a través de la expresión de ellas mismas. Cuando la luz de la compresión comienza a emerger, su haz de iridiscencia alcanzará a todos los campos de la existencia.
Pero, ¿dónde queda el ego y la personalidad cuando se ha comprendido su funcionamiento y con ello, a su vez, el mecanismo del ego de los demás?.
Sólo cuando comprendes y aceptas la mentira que hay en ti puedes comprender y aceptar la verdad que hay en los demás.
Cuando nace tal comprensión, el ego cesa de reclamar atención y pasa a permanecer en un humilde segundo plano. Su voluntad es la voluntad del Ser. Ha pasado a ser un mayordomo a nuestro servicio. El ego ha dejado de tener el timón de nuestra vida. Ahora somos nosotros, el Ser, la esencia, quien manda. Y, en el Ser no puede haber más que Silencio, Paz y Amor.