El placer de la meditación
Existe una opinión generalizada de que la meditación es placentera y maravillosa. Esto es cierto, pero sólo cuando se ha conseguido la conexión con el sà mismo.
Hasta entonces habrá, sin lugar a dudas, momentos plácidos y maravillosos. Pero también va a haber momentos no tan plácidos ni maravillosos en los que las resistencias a continuar con el autoconocimiento nos van a intentar jugar malas pasadas. De ahà que sea necesario el coraje para continuar y el valor para aceptar todo lo que, respiración a respiración, instante a instante, latido a latido, vaya emergiendo a nuestra consciencia.
