No me considero fotógrafo, pero me gusta captar imágenes de las superposiciones que conforman la ilusión que siento que el mundo es. En cada imagen que veo y tomo aparece una pequeña indagación. Sea lo que sea que fotografío una pregunta acompaña al acto de capturar la imagen: ¿qué hay de mí mismo en esto que estoy viendo y fotografiando?

El intento de encontrar un atisbo de mi mismo en las imágenes es lo que me impulsa a su captura. En cada toma hay un ejercicio de meditación que termina transformado en contemplación del Ser. Da igual lo que fotografíe, todo lo contemplo como superposiciones al Ser: cielos, personas, plantas, flores, luces, detalles, paisajes, animales… es igual.

En cada una de las imágenes lo que veo en verdad es un fragmento de mi mismo. Todo es una especie de autorretrato constante que va más allá de las formas, la estética, la belleza y la fealdad, las emociones y la técnica. Fotografiar es un reencuentro con uno mismo cuando uno está buscándose, cuando está indagando quién y qué es.

Toma de fotografías