Luz, espacio y consciencia

La luz con la que el mundo aparece y el espacio que lo contiene son los elementos básicos con los que el Absoluto se manifiesta. Ambos son de naturaleza invisible, pero gracias a ellos emerge un mundo visible. Quedaría aún un tercer elemento por descubrir. Se trata de la consciencia. La consciencia es el hilo conductor que hermana a quien percibe con lo percibido.

Luz, espacio y consciencia son los elementos que componen el mundo, Dios y la individualidad. Todos invisibles… en apariencia, porque la cámara fotográfica, con su poder de congelar el tiempo –la instantánea– posee la posibilidad de captar la luz, el espacio y también la consciencia en un silencioso instante de infinita eternidad.

Sólo aquél que sabe lo que busca podrá verlo y encontrarlo, cuando no crearlo. Para el resto, se tratará de una imagen vacía de contenido, aburrida. Captar lo Absoluto es el prodigio de la cámara que con su instantaneidad logra congelar en una fracción de segundo un mundo de apariencia real, pero de naturaleza ilusoria.

Luz, espacio y consciencia. Naturaleza del vacío y de la plenitud. Inaprensibles por sí mismos. No podría ser de otro modo pues conforman lo Absoluto, cuya naturaleza es inefable. Captar lo inefable es la cualidad de la fotografía. Siempre sucede para quien saber ver, aunque en algunas ocasiones es más evidente que en otras. ¿De qué depende semejante evidencia?

Responder a semejante pregunta es relevante pues marca la diferencia entre una fotografía buena y una mala. No es posible tal diferenciación, pero ocurre. Sucede cuando lo Absoluto se manifiesta en la fotografía en todo su esplendor. Sólo quienes lo reconocen pueden apreciarlo.

Luz, espacio y consciencia