La fotografía es un instante de consciencia detenido en el tiempo y aislado del espacio. A veces, el fotógrafo capta una dimensión espiritual más allá del hecho u objeto, más allá de sí mismo y su personalidad y más allá del entorno que le rodea y la circunstancia social. En ese momento, la fotografía es un puente al Infinito que permite cruzar al otro lado. En este sentido, la fotografía no es arte, sino un portal dimensional. Pero ¿acaso no es eso el arte verdadero? Una buena fotografía es aquella que permite a quien la ve contemplar el mundo con los ojos del Absoluto. En términos habituales, ver el mundo con la mirada Dios.

Fotografía, portal dimensional