Espacio vacío e invisible

Entre la forma y el fondo existe un vacío invisible que la cámara capta pero el ojo, en su desaforada búsqueda de algo en lo que apoyar la mirada (nitidez, luz, color, textura, ritmo, escena, sujeto, objeto, etc.) no termina de ver, pasando por alto lo que quizás sea  lo más importante de la captura fotográfica: el espacio vacío e invisible. Aquello que nos contiene a todos y a todo.

Esta es la verdadera magia de la fotografía. Da igual el objeto o sujeto fotografiado. Da igual el fondo o lo que suceda en la escena. Sea lo que sea, sucede siempre en un espacio infinito y eterno que la mente no puede concebir y el ojo no lo logra captar. Ese espacio vacío e invisible es aquello que somos y sólo es posible su percepción a través de la consciencia despierta.

Ese espacio no sólo nos contiene sino que además es nuestra auténtica y común naturaleza. Una vez que se lo ha comprendido por vía de experiencia, se lo busca. Una vez visto, no es posible dejar de verlo. Para ese momento, el fotógrafo que saber ver ya no se conformará con solo mirar, evitando captar sólo la realidad aparente. Muy por el contrario, buscará ese espacio vacío de contenido que se saber ser.

A veces ocurre que se cae en el estado de fascinación que un determinado objeto o sujeto nos despierta, llegando incluso a olvidar la percepción de lo importante: el espacio vacío e invisible. Sin embargo, pronto la mirada contemplativa vendrá a nuestro rescate y su percepción será una evidencia. Ciertamente se lo sigue sin ver, a cambio se lo presiente, que es todavía un sentimiento de mayor calado.

En estos momentos la imagen fotográfica exhala una atmósfera de misterio que resulta idónea, pues invita a la indagación interior a través de su contemplación. Aquí la fotografía ha pasado a ser de una mera representación de la realidad a un instrumento de trascendencia.

24 de enero, 2020

                                                                                                                                                                        Puerta rota. Asturias, 2018
Espacio vacío e invisible