En una primera etapa, casi de tintes infantiles, el fotógrafo, volcado hacia el mundo exterior, intenta captar imágenes de fuerte impacto visual, quizás buscando la seducción del espectador inexperto o bien una aprobación lisonjera que alimente su pueril necesidad de reconocimiento.

Conforme avanza en su proceso de crecimiento interior se encontrará consigo mismo en la mirada de los demás, en el silencio de objetos de apariencia inerte, pero profundamente vivos, en el espacio infinito existente entre dos planos, en la oscuridad de la noche… Para entonces, su visión habrá cambiado de modo radical. Ha comenzado a “ver” en vez de simplemente “mirar”.

Solo es posible ver con los ojos del Corazón. Solo el Corazón tiene el poder de traspasar las apariencias y rasgar el velo que oculta la verdad esencial. Entonces todo un mundo nuevo aparece. Siempre estuvo ahí, disponible para todo aquél dispuesto a verlo. Nuestra esencia nos hermana con la esencia del mundo. Nunca estuvimos separados, tan solo lo imaginamos.

Esencia