Entre la forma y el fondo

El ojo busca donde posarse y lo hará en la forma o en el fondo, pero al final quedará extraviado en uno de los dos, olvidado del espacio existente entre ambos. Ese espacio, captado por la cámara pero olvidado por el observador, se le representa por el elemento éter. Ese espacio es nuestra auténtica y común naturaleza. No es fácil percatarse de él, pero sí posible.

Fascinados por la forma y dónde se encuentra ubicada en el encuadre, o por el sutil juego de luces y sombras, protagonizado por el contraste del Blanco y Negro. O tal vez por el ritmo hipnótico que una determinada forma marca en la composición. Pudiera ser la textura, transmitiendo sensaciones físicas al cerebro a través del ojo. Sin olvidar el color, eterna distracción. ¡Hay tantos elementos visuales en los que extraviarse! que lo difícil es captar la sutileza del espacio invisible.

Sin embargo, cuando el silencioso espacio hace acto de presencia, el cerebro reconoce el invisible elemento, impidiendo apartar la mirada de la imagen. Se ignora la causa, pero no podemos dejar de mirar. Entonces comienza el juego de la mente. Es debido al mensaje que transmite, la historia que narra, la idea que lanza, correspondiéndose con el Centro Intelectual. O bien, la emoción que despierta, el sentimiento que genera, rasgos del Centro Emocional. Así también, la mente ubicada en el Centro Motor puede iniciar una investigación sobre cómo se ha realizado la foto, extraviando al observador de la auténtica magia que es la percepción de lo invisible: el espacio.

O se sabe y se lo percibe, o no se sabe y no se lo puede percibir. No existen medias tintas. En realidad, es sencillo, pero no fácil. ¿Cómo mirar a partir de ahora las imágenes? ¿Qué elemento se buscará, la forma o el fondo? El tercer elemento es el importante, ese que no se lo puede ver pero sí percibir y que se corre el riesgo de quedar perdido en el olvido, diluido entre el fondo y la forma.

9 de marzo, 2020

Entre la forma y el fondo