¿Carrete…, para qué?

Aquél día, mi maestro se presentó con una flamante cámara Nikon FM-2, igual que la mía, con un gran angular de 21 milímetros. Ese mismo que tanto le había calentado las orejas por su capacidad de distorsionar la percepción de la realidad. Quedamos para hacer un paseo fotográfico. Lo que no sabía era que aquél paseo terminaría convertido en una lección que tardaría años en comprender.

Disparábamos a todo lo que se movía y a lo que no. Al cielo y la tierra, a las personas y a nosotros mismos, a las plantas y a los edificios… a todo. Aquella profusión de tomas me obligó a cambiar de carrete varias veces. Sin embargo, observé que él no cambiaba nunca el carrete, a pesar de que disparaba las mismas o incluso más veces que yo. Así que, intrigado le pregunté sobre el tema. ¿Carrete…, para qué? Respondió con simulado gesto de asombro y una maliciosa sonrisa en sus labios.

9 de febrero, 2020

¿Carrete…, para qué?