La culpa
La culpa
Me siento culpable por… ¡Cuántas veces hemos oído esta frase en consulta! O, lo que es peor, lo que ha tardado el paciente en admitir la culpabilidad como la causa principal que le llevó a un terapeuta. Los sentimientos de culpa obstruyen la capacidad de vivir la vida con la plenitud que merece. Al aferrarnos al sufrimiento generado por la culpa –por el motivo que sea- el ego se siente justificado… y ¡vivo!; sobre todo si hay un intenso dolor causado por el auto-castigo.
En las capas del subconsciente creamos castigos con los que liberar los sentimientos de culpabilidad: accidentes, enfermedades, pérdidas económicas… etc. Cualquier cosa que genere dolor y sufrimiento es válida para sentirse “castigado” y no merecedores por algo que sucedió a través de nosotros.
El problema se agrava cuando comienza a enquistarse la creencia de la indignidad. Por causa de la culpa se empieza a creer que no nos merecemos todo lo bueno que la vida tiene para nosotros. Y no es cierto. Somos dignos merecedores de lo mejor que hay en la vida. No puede ser tan grave lo que haya sucedido como para que cerremos nuestras puertas ante las infinitas posibilidades de conciliación con uno mismo que, a cada momento, la vida nos ofrece.
¿Cómo erradicar la culpa? Con el perdón. Perdonar al otro y, sobre todo, tener la capacidad de perdonarse a uno mismo. Perdonar y olvidar. No es suficiente con el perdón, se hace imprescindible el olvido. Permitirse despertar cada mañana sin el lastre del recuerdo que tanto dolor ha provocado y recuperar el estado de inocencia. Saber que todo es adecuado, que todo sucede debido a un orden que escapa a nuestro actual estado de inconsciencia. Perdonar y olvidar es clave para liberar al otro, pero quién realmente queda en libertad es uno mismo.
Ámate. Un poco de amor da para mucho y es la mejor medicina.
Red Alternativa – Noviembre 07