El sutil legado de Edward Bach
Resulta sorprendente comprobar el considerable aumento del uso de las Esencias Florales entre la población. Ya no es tan extraño ver cómo alguien extrae un pequeño frasco para ingerir con cuidado y atención unas cuantas gotitas.Â
       El uso cada vez más frecuente de Esencias Florales es el resultado de vivir en una sociedad que impone sin piedad un ritmo frenético a nuestras vidas provocando que nuestro sistema nervioso se altere más de lo deseable. Consecuencia de ello será que nuestras emociones tiendan al desequilibrio teniendo que recurrir a la energÃa vibracional de las flores para reestablecer el equilibrio natural.
       Ciertamente, el Dr. Bach nos dejó con su sistema de Esencias Florales una herencia maravillosa. Pero, ¿acaso sólo nos dejó las 38 esencias conocidas y el socorrido Remedio Rescate?. No. Hubo mucho más, porque detrás de su Sistema Floral se esconde toda una filosofÃa de vida. Un modo de ver, comprender y aceptar la vida. Y lo más importante, Bach firmó su legado con su propio ejemplo.
       Cuando Bach se desploma sin conocimiento en los pasillos del Hospital de Londres donde trabajaba y tiene que ser operado de urgencia de un tumor en el páncreas sus colegas no le concedieron más de tres meses de vida. SerÃa entonces cuando Bach encontrarÃa su propósito en la vida: encontrar un sistema de curación natural y no agresivo, una medicina para el alma.
       Quisiéramos subrayar esa palabra: propósito. Pues no se tratarÃa de un deseo más o menos agradable. Y tampoco serÃa un objetivo a conseguir; algo tan en boga en las empresas actuales. No era algo que le hiciera ilusión y se aferráse a ello para continuar viviendo. No. Se trataba de algo de mayor profundidad. Un propósito es algo que se decide llevar a cabo y que otorga sentido a la existencia, a la vida. Saber qué es lo que se ha venido a hacer en este plano denso y maravilloso a la vez, a esta dimensión en la que nos encontramos habitualmente.
       Edward Bach tardarÃa 6 años en concluir su propósito de obtener el método tal y como ahora lo conocemos. Una medicina ausente de agresividad que tuviera en cuenta al enfermo y no sólo a la enfermedad.
       Su propia vida se convertirÃa en una gran enseñanza abonada y regada con el ejemplo. Bach fue consecuente consigo mismo y con su modo de percibir el mundo. Tal comprensión de su existencia le hizo dar un giro de 180º a su vida y tomar un rumbo totalmente nuevo. Abandonó su lucrativa consulta de Harley Street y se marchó a una humilde casa en Mount Vernon para dedicarse en cuerpo y alma a su propósito.
       Demasiadas veces en la práctica clÃnica nos encontramos con que después de corregir un desequilibrio emocional el paciente se encuentra con un, aparentemente, peligroso vacÃo existencial y nos pregunta bien con la palabra, bien con la mirada: – Y, ahora ¿qué?.
       La respuesta es contundente porque no puede ser de otro modo:
       – Ahora, lo que quieras. Es tu vida. ¡Échale ganas!. ¿Qué sientes que quieres hacer con ella?.
       Entonces es cuando arranca la terapia de verdad. El paciente vino por una rabia inexpresada, por un cierto temor, por un resentimiento, por un duelo y, ¡de repente! se encuentra consigo mismo/a en mitad de un mundo y una vida llena de posibilidades. Comienza entonces a construirse el puente que unificará la personalidad con el alma; el verdadero sendero del auto-conocimiento ha comenzado a ser recorrido.
       En un principio, ello sorprende -cuando no aterra- y es natural pues se comprende la necesidad de tornarse responsable de su propia existencia. En este momento, la labor del terapeuta es vital pues ha de aportarle el soporte y confianza necesarios para que el paciente pueda coger con firmeza el timón de la nave de su vida.
       ¿Y tú? ¿Tienes un propósito para tu vida?
Red Alternativa – Junio 05