No me siento fotógrafo, pero me gusta hacer fotografías. El hilo que marca la diferencia es muy sutil. Es preferible ser un sencillo aficionado, pues en cuanto que la etiqueta de «profesional» se adhiere a tu persona, la identificación asoma las orejas. Entonces tendrás que comportarte de acuerdo a lo que imaginas ser, con la consiguiente pérdida de libertad.

Ya no podrás fotografiar lo que quieras, sino aquello por lo que se te paga. La libertad no queda mengüada, sino extinguida. Es mucho mejor poder fotografiar aquello que capta la atención. Entonces se es libre. Hacer conscientemente es la labor del hombre liberado. Acción pura, inafectada, incondicionada.

Aficionado a la fotografía